
Estuvimos en la plaza del pueblo. El miércoles nos fundimos en los aplausos de los miles que estremecieron la tierra y el cielo en honor al último gran líder. El jueves entramos a la Casa Rosada. Le dimos muchos besos y mucha fuerza a la presidenta de La Nación, Cristina Fernández de Kirchner. Nos emocionamos, lloramos. Nos sentimos parte de la masa, un eslabón más de la cadena. Somos la variable insignificante de la historia pero necesaria, eso el lo que somos, eso es lo que elhambriento es. Uno más, un insignificante, pero uno de millones. Eso se vió, eso se sintió. Millones de hambrientos de justicia social, hambrientos de independencia económica, hambrientos de soberanía política hicieron una vez mas oír su voz. Somos de los profundamente transgresores. Somos de los políticamente incorrectos. Estamos con los jovenes, con el trasvasamiento generacional. Néstor no se murió, Néstor vive en el pueblo. Su legado ya se multiplicó. Néstor ya es millones. Una sola advertencia: no toquen ninguna de las conquistas conseguidas, ninguna de las banderas levantadas. Ni lo intenten, porque si lo hacen ahí estaremos los hambrientos argentinos. Saldremos a la calle y esta vez haremos escuchar con más fuerza nuestra voz. Néstor ahora esta con Juan, con Eva, con Ernesto, con John William. Cristina, con el Pueblo.